Elena Losada: “En el caso de Pessoa toda investigación debe partir de un exquisito rigor filológico”

Elena Losada es directora del Departament de Filologia Romànica de la Universitat de Barcelona donde se doctoró en 1986 con una tesis sobre la recepción en España de la obra de Eça de Queirós. Recientemente recibió el XII Premio de Traducción Giovanni Pontiero por la traducción del libro Minhas Queridas de la escritora brasileña Clarice Lispector, publicada por la Editorial Siruela. Miembro del comité organizador del coloquio, habla de Pessoa y del presente y futuro de las humanidades.

¿Cómo llegó a la filología portuguesa?
Por motivos familiares, pero sobre todo por una escena que vi en 1972: mi familia y yo íbamos a Oporto desde Galicia y al borde de una de esas carreteras, entonces imposibles, del norte de Portugal vi a un joven vestido de soldado, descalzo, con las botas en el suelo y llorando. Pregunté qué le pasaba al chico y mi padre me contó que era un campesino reclutado que esperaba el camión que lo llevaría a Lisboa para embarcar hacia algún lugar de la guerra colonial. A mi me impactó terriblemente saber que tan cerca de mi mundo había una guerra que hacía llorar a la gente y desde entonces me interesó todo lo que venía de Portugal. Años más tarde leí La reliquia de Eça de Queirós. Había encontrado a mi autor.

¿En qué estado se encuentran las Románicas hoy?
En la misma crítica situación que las humanidades en general, con el agravante de que es difícil encontrarles una aplicación práctica, la posibilidad de trabajo en un instituto, por ejemplo, que tienen los estudios de catalán, castellano o inglés. Sólo si conseguimos hacer entender que lo inútil es útil e incluso imprescindible para el crecimiento moral de una sociedad podremos salir de este impasse.

¿Qué papel juega la literatura de Pessoa en la historia de la literatura?
Fundamental. Su papel es hoy ya indudablemente canónico, pero conserva aún la fuerza transgresora de aquello que nos enfrenta al conflicto y a la duda.

Si tuviese que elegir una puerta de entrada a Pessoa, ¿cual sería?
Hace unos años habría contestado que la poesía de Álvaro de Campos. Por mi experiencia reciente en clase diría que el eje de interés primordial de los alumnos se ha desplazado al Livro do Desassossego.

Además de Eça de Queirós usted es experta en Clarice Lispector, ¿Hay puntos de encuentro entre la escritora y Pessoa?
Bueno, Pessoa es el único autor portugués que Clarice Lispector, siempre tan remisa a explicitar sus lecturas, menciona directamente. Es un tema en el que me gustaría profundizar. Especialmente a partir de la “extrañeza” del lenguaje de uno y otra.

¿Cree que el poeta recibe la atención que se merece?
En España y en este momento, no. Hubo un boom Pessoa seguido de la inevitable travesía del desierto. Tal vez ahora, cuando empiecen a llegar los nuevos textos publicados en Portugal, tengamos una segunda oleada de interés, más meditado y profundo, menos emocional.

Si como decía Lyotard estamos en la época del fin de los grandes relatos, ¿cuál es la mejor manera de investigar una obra y/o un autor sin caer en escepticismos o en un todo vale?
Para mí, que sigo profundamente vinculada al siglo XIX, me resulta difícil aceptar que ya no haya nada que relatar. Creo que en el caso de Pessoa toda investigación debe partir de un exquisito rigor filológico –para que leamos lo que hay y no lo que queremos que haya- acompañado de una visión amplia que permita explorar a Pessoa desde otras áreas no literarias, como la filosofía.

¿Qué retos afrontan las humanidades en este sentido?
Enormes en este momento: formar filólogos, buenos conocedores de la crítica textual, buenos humanistas, capaces de ver pensamiento más allá de un stemma y, en el caso concreto de Pessoa, buenos conocedores de la lengua portuguesa, cosa que en estos momentos se está poniendo muy difícil.

¿Qué recomendaría a un/a joven investigador/a que tiene la osadía de estudiar humanidades?
En primer lugar que le produzca placer ese conocimiento, que ame leer, conversar, pensar, que lea todo lo que le caiga en las manos aunque de momento le parezca que nunca le servirá para nada. Con los años, aquella novela leída durante un viaje en tren puede ser una pista esencial en una futura investigación. Y, tristemente, que sea consciente de que difícilmente se ganará la vida con sus estudios.

Diego Giménez

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